miércoles, 12 de mayo de 2010
Puede que despegue
En un cálido lugar que se encontraba en los suburbios de la migraña, había choques, desencuentros y bocinazos. El señor que vivía apurado de costumbre llegaba tarde pero esta vez lo dejó sin llegar el efecto; es que el señor de los relojes enamorado de la mujer Paciencia la había perdido en la multitud del mal humor. Caminó rápido y corrió.. aún así no llegó. Ante la puerta de la espera un gran candado lo envolvía en desenamoramiento. La mujer Paciencia se ha cansado de esperar al señor que siempre llega tarde, para volar al pueblo del sin tiempo.
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